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Volver a tu pasión

Llega “cierta edad” (dejémoslo así, sin poner años) en que es momento de volar, de independizarte, y dejar la que ha sido tu casa por mucho tiempo. ¿Lo has vivido? ¿O te lo ha dicho alguna tía?... No hablo de un intercambio o de un verano fuera de casa, sino de aquel día en que te fuiste sin tener una fecha para volver.


No les voy a contar cómo es que decidí irme, les quiero hablar de lo que ha sido una etapa en la que verdaderamente he aprendido a estar conmigo. Ir al cine, sentarse en un café, comer en un restaurante, son cosas que por lo general hacemos en familia, con los amigos o compañeros, pero un día alguien me aconsejó de vez en cuando cambiar la plática por un libro, o un acompañante por un asiento vacío. ¿Y les digo algo? Al principio me dio miedo (y oso también), pero cuando me animé a hacerlo más de una vez, pffff… ¡es riquísimo! Te sientas en el café que más te gusta, en el cine, bar o restaurante, llegas a la hora que quieres, eliges tu asiento y lo que te viene en gana, y eso sí, te vas cuando empieza a llover porque ya no está mamá para cerrar tu ventana o meter la ropa.


Tengo que ser sincera, no ha sido nada fácil, por algo tardé 3 años en decidirme a escribir sobre esto. ¿Neta 3 años acá? Ni yo me la creo… Hay una frase que me ha acompañado este tiempo: “Todos los cambios están más o menos teñidos con la melancolía porque lo que dejamos atrás es parte de nosotros mismos” (Amelia Barr). Tomé la decisión de salir de mi ciudad sabiendo cuál era el propósito, me exigí a mí misma afrontar con valor todas las adversidades que se presentaran en el camino, pero nadie te dice cuál es el A) B) C), ni las recetas más básicas para cocinar, o al menos para intentarlo. ¡Qué bueno que no hay manual! La verdad… Porque creo que cada quien tenemos que vivir este proceso en nuestros tiempos y formas.


(Ahora bien, no está por de más sugerir que eches un ojo, o una mano, cuando alguien en tu casa esté planchando o cociendo, porque puede que más adelante lo tengas que recordar).

Ya que estás en la que será tu nueva ciudad, te instalas, conoces los rumbos y te grabas el oxxo más cercano, empiezas a adaptarte y en un inicio las cosas no dejan de ser nuevas para ti. Lo canijo es cuando pasa el boom y extrañas demasiado, lo cual es inevitable, pero ahí es cuando por naturaleza humana necesitas aún más videollamadas con los abuelos, más consejos de tus papás, coco-wash de tus hermanos, animarte a ir a terapia, y por supuesto saber de los amigos. En fin, quieres más recursos porque empiezas a ver el cambio con ojos más claros, de vez en cuando vidriosos, y la realidad es que hay días en que te vas pa’bajo. Pero en especial hay un día en que te dices: “algo hay que hacer”, y ahí está lo padre, un momento de soledad contigo te refresca la mente… En mi caso supe que era el tiempo para regresar a algo que en mis tierras había dejado, y muchos años atrás; lo cambiaba por compromisos, por pasar una hora más sacando pendientes, porque ya era fin de semana, o simplemente “no me daba tiempo”.


Y ese día me cayó el veinte: un hobbie que tuve desde los 11 años y que más tarde dejé apagar, se convirtió en mi motivación y no fue una chispa que duró un par de semanas, ha sido un motor diario del cual he decidido no bajarme. O mejor dicho, ha sido un escenario al cual amo subirme. El teatro, llevar a las butacas una experiencia para que las personas que llegan a sentarse se vayan sabiendo que alguien los comprende, los ayuda a encontrarse, los deja reír o llorar, los deja ser. Esto me ha llevado a coincidir con personas a quienes les encanta creer que aún hay mucho por hacer, y por ellos estaré eternamente agradecida.

A veces uno encuentra el camino mientras lo recorre. Crecer implica que ya puedes tomar tus propias decisiones y nadie te va a contar lo mismo dos veces, porque cada uno tenemos nuestras metas y pasiones.


Es increíble cuando nos permitimos hablar desde el corazón, y se los confieso, en ocasiones se me olvida que también podemos escribir desde ahí, pero podría volverse un hábito para muchos valientes que quieran compartir. Hoy es una de esas veces, así que ¡muchas gracias por leerme!


Finalmente quiero decirte algo. Retoma eso que te enciende e impulsa a conocerte más, te invito a que te retes de nuevo y al menos te pruebes en eso que te movía desde pequeño, o en aquello que siempre quisiste intentar por primera vez. Puede ser un gran complemento hoy en tu día, o un “vuelve a la vida”, como lo ha sido en la mía. Talvez tú no tengas que esperar a desempolvar ese sueño cuando estés lejos de casa y puedes empezar ahora.

Te lo deseo, con cariño:

Pal.



Pal tiene 29 años, es Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Amante del color que es vida (verde), fan de los puerquitos y de los bebés. Si algún día necesitas una nanny, llámala 😊 es uno de sus hobbies y lo hace con mucho cariño. También le encanta echar karaoke con las amigas, ir al cine, y viajar… Porque millenial, ¡claro que sí!

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Alegrarte® 2020

¡Sorpresa!