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Descubriendo una vocación oculta



¿Qué es una vocación? ¿Es cierto que es eso a lo que se dedica alguien toda su vida? ¿Hay alguna especie de llamado, código secreto o manifestación mágica que dicte cuándo la encontramos por fin? Yo me pregunté esto muchas veces a lo largo de mi vida. Desde muy pequeña escuchaba a los adultos hablar sobre cómo debía estar muy alerta para hallarla y no dejarla escapar. Como si se tratara de un golpe de suerte que una vez que se te pasa, ya no lo puedes recuperar.


Pero ¿saben?, la experiencia de mis casi 32 años me ha hecho aprender dos cosas respecto a este llamado que nos hace la vida: lo primero es que, para mí, es un mito eso de que hay ciertas edades para encontrarla. Creo que cuando vamos creciendo sentimos mucho ese peso de la expectativa propia y ajena por definir lo que queremos hacer y no siempre contamos con las herramientas para poderlo decidir en cierto tiempo o en determinada edad, lo cual me lleva a la segunda cosa que he aprendido al respecto: hay que prestar muchísima atención a las señales que nos van llevando a eso que queremos, a lo que nos va a apasionar muchísimo y nos quitará el sueño. Por eso, les comparto aquí la historia de cómo pude hallar la mía.


Hace muchos años, la que tuvo el buen ojo de decirme que lo mío, lo mío era buscar alguna profesión relacionada con la comunicación fue mi mamá. A decir verdad, nunca lo creí realmente. Quizá en medio de una rebeldía adolescente o por pura falta de confianza, pasé muchos años indecisa y sin saber exactamente lo que quería. Di muchas vueltas y pasé incluso por varias licenciaturas hasta que llegué a donde tenía que ubicarme desde el inicio y entré por fin a estudiar Periodismo y luego más precisamente Ciencias de la Comunicación. Desafortunadamente, la visionaria de todo este proyecto de vida, no alcanzó a verlo terminado. Mi mamá falleció justo al inicio de mi carrera y ya no tuve chance de decirle que tenía razón en, por ejemplo, el día de mi titulación.


Pero a pesar de la anécdota triste, lo curioso de todo esto es que sí, en efecto tuvo voz de profeta y haber elegido este camino fue la mejor decisión, pero creo que ninguna de las dos imaginaba de qué forma. La carrera me ha dado muchas oportunidades para dedicarme a actividades tan variadas como la comunicación digital y la organización de festivales, entre muchas otras cosas y desde luego, fue también la responsable de que llegara a mis manos la posibilidad de dedicarme a dar clases, una chamba en la que tengo trabajando ya prácticamente seis años y medio. Lo más sorprendente, es que fue justamente a través de las aulas que conocí y aprendí a querer mucho otras áreas de la comunicación que desconocía y ahora me hacen muy feliz y que tienen que ver con la inclusión de Personas con Discapacidad (PcD).


Me gustaría contar aquí el momento preciso en que surgió este interés que me llevó a plantearme con mis alumnos la realización de proyectos enfocados en este público, pero no puedo hacerlo porque ni yo misma sé cómo me encaminé hacia allá. Al final, creo que eso es lo menos importante. Lo que sí puedo explicar es que la razón principal que me ha motivado a orientarlos en este sentido es que creo firmemente en que es posible hacer una toma de conciencia de que no hay una sino muchas realidades y que al explorarlas se pueden encontrar posibilidades inmensas para aplicar lo que van aprendiendo no solo para su formación profesional, sino también para aprender a poner sus conocimientos al servicio de otros.


Hasta ahora, hemos realizado dos proyectos con esta visión: el primero fue con estudiantes de segundo semestre de Diseño de la Comunicación Gráfica en vinculación con el café GatoSordo. En este caso, la idea fue crear materiales gráficos pensados para impactar en ambos públicos (sordos y oyentes) bajo la premisa de que la comunicación visual puede funcionar como punto de encuentro para transmitir información y compartir lenguajes comunes.




Si quieren saber más sobre cómo nos fue pueden encontrar toda la información aquí.


También, el resultado de todo el proyecto forma parte de un libro llamado Las TIC como herramientas para la inclusión en la educación universitaria, una coedición entre Porrúa y la Universidad Michoacana.


El segundo proyecto, lo estamos llevando a cabo este semestre y se trata de un trabajo con otros profesores y alumnos de segundo semestre de Arquitectura, Urbanismo y Sustentabilidad en coordinación con un Centro de Atención Múltiple (CAM) en la ciudad de Morelia. En esta ocasión, conocimos a un grupo de chicos con diferentes discapacidades, en su mayoría ceguera o con algún grado de discapacidad intelectual y nuestra finalidad es desarrollar algunos productos radiofónicos, empezando por grabar una versión de El libro negro de los colores de Menena Cottin, que es una obra tanto escrita como en braille, hasta crear entre todos los estudiantes sus propias historias de miedo, de aventuras o romance para grabarlas también en versión sonora.


Visitamos a estos chicos en su escuela, ellos tuvieron la oportunidad de recorrer nuestra universidad y dos de sus profesores que tienen debilidad visual y ceguera, nos dieron también un taller sobre la accesibilidad para personas ciegas y la importancia de crear espacios adecuados para todo tipo de personas. Hasta ahora estamos muy contentos porque hemos aprendido muchísimo y porque hemos visto que a veces descuidamos cosas imperceptibles y con ello excluimos sin necesidad alguna a otras personas, pero es posible en estas acciones promover los cambios.


En efecto, no soy ninguna experta en temas de discapacidad porque junto con mis estudiantes voy aprendiendo sobre la marcha lo que estas personas tienen que decirnos y cada día que pasa voy haciéndome más consciente de notar que un espacio está mal diseñado porque no atiende las necesidades de todas las PcD o de lo poco funcionales que resultan a veces los recuadros chiquitos donde ponen a los intérpretes de Lengua de Señas Mexicanas y creo que son esos pequeños trazos los que van haciendo que cambie mi perspectiva sobre lo que pasa a mi alrededor.


Y lo más bonito de todo esto es que pasé de desempeñar trabajos en algunas de las áreas de la comunicación más demandadas a aterrizar en un campo completamente nuevo para mí, uno donde hay mucho por hacer y donde otros profesionales como yo pueden tener mucha injerencia. Irónicamente, ambos proyectos los he realizado con estudiantes que no son de igual carrera que la mía, pero eso también demuestra cómo es que la comunicación nos impacta a todos en distintas formas y desde muchas trincheras se puede lograr mucho.


Todo lo que les cuento ha transcurrido en un periodo de año y medio, es decir que empecé en pleno inicio de mi tercera década de vida. Y percibo en mí todos los sentimientos del mundo, menos la angustia de pensar que “se me pasó el tren” que transportaba mi vocación. Y creo que me pasa porque cuando miro hacia atrás, entiendo que necesitaba valerme de mi formación académica y profesional para poder llegar a este punto en que puedo comprometerme de este modo con mis alumnos y sobre todo con personas externas a nuestro salón de clases.


El pronóstico era verdad: lo mío estaba en la comunicación. Pero no como conductora de las noticias de las tres de la tarde, ni como reportera de un periódico; tampoco como community manager o como emprendedora con mi propia agencia (bueno… al menos no por ahora). Mi futuro estaba conectado con trabajar en una profesión que cuando estudiaba la carrera no vislumbraba para mí: la docencia; también estaba escondido en el juego de niñas en el que mi mejor amiga me enseñó la Lengua de Señas Mexicana y luego se ocultó en el mensaje en Facebook que me llevó a conocer el café y luego en la mamá de mi becaria que se interesó en mi primer proyecto y me está ayudando muchísimo para realizar el segundo. Y en la gente de la universidad que siempre me ha apoyado y en mi familia que me ha animado todo el tiempo y desde luego, estaba en mis alumnos que andábamos por ahí sin coincidir hasta que llegó el día indicado.


Por eso es que no importa realmente si tienes 16 o tienes 45, si creías que una carrera era lo tuyo y luego te arrepentiste. Tampoco está en si decides iniciar una primera o segunda licenciatura o hasta una maestría o un doctorado si tienes más de 60 años. Tampoco tiene nada de malo si quieres emprender o mejor trabajar en una empresa o hacer las dos cosas o qué se yo. La vocación tiene señales para manifestarse y hay que estar pendientes de sus guiños porque hacia allá se encuentran la alegría, la pasión, el compromiso, la motivación para levantarse por la mañana y desvelarse hasta muy noche y sobre todo porque a veces está tejida entre lo que ya hacemos de forma cotidiana pero no nos habíamos percatado porque nos nublan las urgencias y lo inmediato.




Así que se trata de pararse un momento, respirar profundo y quedarse a solas con la pregunta final: ¿ya sabes dónde está tu vocación?



¡Hola, soy Xóchitl Tavera Cervantes!

Me encanta escribir, siempre viajo con un libro y tengo una relación estable con los chocolates en todas sus formas y el bolillo. ¡Me gustaría saber de ti!

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