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Lo que perdí cuando decidí correr

Actualizado: 30 de may de 2019

Este post se estuvo auto-postergando por semanas, semanas y semanas. ¿Y si lo escribo antes de irme al maratón? ¿Y si mejor lo escribo regresando? ¿Y si mejor no lo escribo nunca? Todo esto pasó por mi mente. Ahora entiendo cuando alguien siente temor o pena por escribir. #sendhelp. Quizás esta es la señal: no hay post programado para hoy, es el momento.


Running y yo; yo y running. Una de las cosas / experiencias / estilos de vida que más me ha tocado; que llegó para quedarse.


Estas somos mi hermana Julia y yo, hace 7 años. Mi primer 5k, no me acuerdo de -casi- nada, pero crucé la meta. Septiembre, 2012.



Aquí estoy bien feliz, terminando el maratón de Vancouver. Mayo, 2019.



Y no voy a hablar de medallas o metas cruzadas. Quiero contarles cómo ha cambiado mi vida desde que corro-un-poco-más-en-serio. De 2012 a 2019 han pasado muchas cosas, pero vamos a enfocarnos específicamente en lo que perdí cuando decidí correr.


Perdí el miedo a “perder lo que había construido”

Desde siempre he sido una persona delgada. Durante mi adolescencia esto fue EL TEMA. Me costaba muchísimo aceptarme, quererme y sobrellevar las hormonas + los comentarios -a veces sin mala fe- de muchas personas a mi alrededor. Moría de ganas de pesar unos kilillos más, de no estar “tan flaca”. Durante la universidad, y viendo que comer y comer no era la solución, comencé a ir al gym para aumentar mi masa muscular. Estuve entre rutinas y dietas subiendo poco a poco.


Cuando fui tomándole más cariño al running, el coach con el que entrenaba gym y la nutrióloga me aconsejaban no correr o hacer cardio más de 15 minutos, porque “iba a quemar mi músculo y a desaparecer”. ¿Les digo una cosa? No me importó después, porque no iba a ser feliz teniendo más peso, si no haciendo lo que me gustaba. ¿Y saben qué pasó? Perdí ese miedo y gané una autoestima más sana, una confianza en mí misma que nunca había tenido, y lo más chistoso: “no desaparecí de flaca” como muchos me decían. Así que no, no necesitaba más músculo o peso, necesitaba quererme bonito.


*Nota: no me malinterpreten, no estoy para nada en contra de llevar hábitos de alimentación saludable y asesorarnos con un coach, está padrísimo hacerlo; y también estar conscientes de que cada organismo es diferente. Nunca me he descompensado ni he tenido problemas de salud por correr distancias largas, debido a que procuro llevar un balance entre nutrición, descanso y ejercicio. :)


Hoy me siento feliz de saber que más allá de algo estético, de ser “muy flaca o flaca normal, o medio flaca” amo a mi cuerpo por todo lo que me da para correr nuevas distancias y lograr mis sueños. No me imagino cómo sería hoy si me hubiera detenido por una simple creencia o un miedo.


Perdí las creencias de lo que “nunca podría lograr”

5k. Está bien, vamos a correrlos.

10k. Órale, es mucho, pero vamos.

21k. ¿Un medio maratón? Eso solo los profesionales, yo no lo lograría.

42k. Nunca correría un maratón. Es imposible. No estoy lista para eso, no estoy tan loca para correr todos esos kilómetros. #ayajá


Estas eran mis creencias hace algunos años. Y me encanta que se hayan ido.


No se fueron solas, como ninguna creencia que adoptamos. Se fueron cuando fui enfrentándome con cada una. Gracias a Mari, mis amigos, familia y mi Carlos <3 que me apoyan pude redefinir lo que para mí era imposible. Pude correr mi primer medio maratón con la compañía de Mari y los consejos de Hugo (su prometido uuuyyyy). Y de ahí nadie nos detuvo a Mari y a mí, hasta llegar al maratón. Qué padre y necesario es tener un running partner (compañero de correr). Sin tanto equipo y porra no hubiera sacado cada carrera. Perdí creencias que me limitaban, y gané experiencias increíbles que me ayudan a recordar el potencial tan grande que tengo, y que todos tenemos.


Por último, perdí las ganas de querer controlar todo

Las primeras lesiones -que algunos llaman normales- en un corredor que va comenzando, los días donde la fatiga te derrota, los entrenos que ya quieres terminar y a penas llevas 10 minutos... En el running -y viéndolo como metáfora, en la vida- no voy a poder controlarlo todo. Puedes entrenar meses, planear tu llegada triunfal a la meta de una carrera, y el mero día tener resultados completamente inesperados.


El año pasado mi pulmón derecho sufrió un neumotórax espontáneo (se "ponchó" solito, pero esa es otra historia) y fueron algunos meses donde tuve que detener cualquier entrenamiento, plan o sueño para poder recuperarme y volver a correr desde cero. Entonces comprobé que jamás tendremos el control completo por más que planeemos las cosas, ¡y está bien!


Tuve que aprender a dejarme sorprender y sobre todo a soltarle el control a quien conoce cada detalle de mi vida: Dios. Gracias a él he logrado lo que les platico, y después de topar con pared en muchas ocasiones, regreso a sus brazos diciendo: ya vi que por ahí no iba. Me encanta y me llena de emoción saber que él tiene el control de cada situación. Él me recuerda lo valiosa que soy a sus ojos, y me inspira a quererme más y abrazar lo que soy. Él renueva mis fuerzas, respalda mis pasos y me ayuda a cumplir los sueños que pone en mi corazón.


Recordemos que en cada pérdida hay una ganancia, y depende de nosotros encontrar ese tesoro o valor en cada situación por la que atravesamos.


Gracias por leer a esta flaca que corre.





Me llamo Alejandra.

Me gusta comer, correr y diseñar para Alegrarte.

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