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  • Alegrarte

Be the love... you want to see in the world



“El amor es paciente y amable. El amor no es envidioso, ni jactancioso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera”...

Corintios 13:4-7


Amar es cosa de valientes, amar de forma incondicional, amar sin poseer, sin querer cambiar, amar en los momentos difíciles, en medio del dolor, de la frustración, amar a los demás y sobre todo amarse a uno mismo con toda la luz y con todas la sombras no siempre es fácil.


No tengo dudas que el amor es más fuerte que cualquier cosa, nos lleva, nos trae, nos levanta, nos empuja, nos enseña, nos transforma… el amor mueve al mundo y en mi opinión es el sentimiento más espectacular que podemos experimentar.


Hay cientos de interpretaciones y definiciones sobre qué es el amor, que van desde “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”, pasando porEs algo que a todos los seres humanos nos inspira y nos motiva, pero también puede causarnos mucho sufrimiento cuando no es correspondido”, hasta “Es el deseo inevitable de ayudar al otro a que sea quien es”.


Todas estas definiciones tan peculiares que navegan en la web tienen algo en común: involucran a otro, sin embargo hoy, quiero hablar de otro tipo de amor, que en mi opinión es el más valioso, el más profundo y el más difícil de encontrar… el amor hacia uno mismo.  


“- Y solo cuando mires realmente adentro es que encontrarás afuera… -”


Hace un tiempo estaba pasando por un momento difícil en mi vida; sí, fue el decirle adiós a un amor importante, que entró en el combo de una ola cambios y altibajos en distintas áreas de mi vida, fue una temporada gris en la que me costaba ver la luz en todo, aunque ahí estaba, ahí estuvo siempre… pero no la veía.


En ese momento apareció alguien que me recordó algunas cosas esenciales de mí misma que en medio de la tempestad había olvidado, aceptarme, respetarme, incluso amarme. Ese alguien además tuvo la gentileza de regalarme un libro que comenzó a darle todo el sentido a lo que estaba viviendo en ese momento.


Ese libro es La maestría del amor de Don Miguel Ruiz, al ver el título pensé “Clarooooo, justo esto era esto lo que me faltaba en la vida, aquí voy a encontrar todas las respuestas para poder encontrar «ahora sí» al amor de mi vida”.  Y sí, justo ese libro me dio esa, entre muchas otras respuestas… pero cuando comencé a leerlo no tenía el mismo concepto de “amor de mi vida”, que cuando lo terminé.


Lo que aprendí en ese libro han sido de las lecciones más importantes de mi vida, que creo que son básicas, sin embargo, no siempre es tan fácil tenerlas presentes.


Todo el libro es increíble, pero les comparto con mucho amor uno de los capítulos que dejó huella en mí, se llama La cocina mágica:


“Imagina que tienes en tu casa una cocina mágica, que te proporciona la cantidad que desees de cualquier comida del mundo. Nunca te preocupas de lo que vas a comer, ya que puedes servir en la mesa cualquier cosa. Y como eres generoso, les ofreces a todos comida sin esperar nada a cambio.


Alimentas a quienquiera que venga a verte por el mero placer de compartir lo que tienes, y tu casa siempre está llena de gente que se acerca para degustar la comida de tu cocina mágica.


Entonces, un día alguien llama a tu puerta, abres y te encuentras a una persona con una pizza en las manos, te mira y te dice: «Oye, ¿ves esta pizza? Te la doy si me permites controlar tu vida, solo tienes que hacer lo que yo quiera. Y nunca te morirás de hambre porque yo te traeré una pizza cada día. Lo único que tienes que hacer es ser bueno conmigo». ¿Te imaginas tu reacción? Solo con pedírselo a tu cocina obtendrás la misma pizza o incluso mejor, y esa persona te está ofreciendo comida a cambio de que hagas lo que ella quiera. Lógicamente te echarás a reír y le dirás: «¡No, gracias! No necesito tu comida; tengo toda la que quiero. Entra y te daré de comer sin pedirte nada a cambio, pero no voy a hacer lo que me pides. No me voy a dejar manipular a cambio de una pizza».


Ahora imagínate exactamente lo contrario. Llevas varias semanas sin probar bocado. Estás muerto de hambre y no tienes dinero para comprar comida. Entonces llega esa persona con la pizza y te dice: «Oye, aquí hay comida. Te la puedes comer si haces sencillamente lo que yo quiero». Hueles el aroma que desprende y estás hambriento. Decides aceptar y hacer cualquier cosa que esa persona te pida.


Ahora imagínate que en lugar de comida hablamos de AMOR. El amor que hay en tu corazón es abundante. Tienes amor no solo para ti, sino para el mundo entero. Amas tanto que no necesitas el amor de nadie. Compartes el amor sin condiciones; no te gusta el «si». Y si alguien llama a tu puerta para decirte: «Oye, aquí tengo amor para ti, te lo daré si haces lo que yo quiera», ¿cuál será tu reacción? Te reirás y dirás: «Gracias, pero no necesito tu amor. Tengo ese mismo amor aquí, en mi corazón, solo que mejor y más grande, y comparto mi amor sin condiciones».


Pero, qué ocurrirá si estás hambriento de amor, si no tienes ese amor en tu corazón y alguien viene y te dice: «¿Quieres un poco de amor? Te lo ofrezco a cambio de que hagas lo que yo te pida». De ser así, una vez lo hayas probado, harás todo lo posible por conservarlo”…


Aprendí que terminamos tolerando cualquier cosa cuando nuestro corazón tiene hambre, que a pesar de lo abierto, pacífico y amoroso que intentes ser, las personas solo pueden conocerte como se conocen a sí mismas, solo pueden amarte como se aman a sí mismas.

Aprendí que mientras sigamos valorándonos según lo externo, nos quedaremos sin ganas, sin fuerzas para amarnos y para mostrarnos a nosotros mismos como realmente somos. Aprendí que el poder para seguir adelante vive dentro de nosotros mismos.


Y sobre todo aprendí que el “amor de mi vida”, estaba ahí, justo en frente del espejo, que ese amor que tanto anhelaba y que había buscado, en todo y en todos no iba a llegar de ningún otro lado, sino de mí misma.

Y que todo lo que siempre estoy dispuesta a dar a los demás, esa comprensión, esa admiración, esa paciencia, esas palabras bonitas y ese amor, también te lo mereces tú…





Shaira Díaz.

Me considero alguien que está enamorada de la vida, bajo cualquier circunstancia.

Me dedico a todo lo relacionado con branding, comunicación y relaciones públicas de profesión y a la filantropía por elección. Me encanta cocinar, hacer yoga y meditar.

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Alegrarte® 2020

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